miércoles, 27 de mayo de 2009

Cobardes y ególatras, pésima combinación.


Existen maneras y maneras de terminar una relación, unas más decentes que otras. Cómo olvidar el capítulo de Sex and the city cuando terminaron con Carrie con un post it, pésima forma, pero existen otras peores.
Una amiga me contaba hace unos días que tiene la intuición de que el pololo quiere terminar con ella. No le dice nada, en cambio, hace todo lo que a ella le molesta. Le corta o no contesta el celular, sale con las ex sin decirle nada y de alguna manera hace que ella se entere. Sale hasta tarde con los amigos,  inventa reuniones de última hora, transforma la casa en un caos, etc. Todos sabemos lo difícil que es, pero existen maneras más decentes para terminar. Qué tanto cuesta sentarse a conversar y explicar que ya no es lo mismo, que se fue el amor, incluso el clásico “no eres tú, soy yo” es mucho mejor a someter a la pareja a tal sufrimiento injustificado.

Es que hay hombres muy cobardes, (y mujeres también, pero ellos llevan la delantera). Cuando se está saliendo con un chico y deja de llamar, se entiende que ya no va más, uno se siente mal, pero bueno, así es la vida, hay más peces en el mar, NEXT. Pero cuando se tiene una relación formal, donde hubo amor, cariño, respeto, tiempo, ¿por qué querer terminarla de tan mala manera?.

Es que la cobardía y el ego de algunos hombres tienen niveles insospechados, ¿es que piensan qué son los únicos hombres en el mundo, o qué después de ellos no hay nada?, Está bien, no es tan fácil encontrar una persona que se ajuste a nuestros gustos, pero, ¡por favor! Debe haber algo mejor allá afuera que por lo menos tenga los cojones de decir, esto no va más.

viernes, 22 de mayo de 2009

Lola, la puta del Puerto.


Hace tiempo que venía fabricando su prostituto perfil. Con sus juegos perdidos y su mirada pícara, errada. Todo la hacía parecer una puta, sus movimientos, sus ojos, su ropa que cubría y encubría su deforme espalda, ardiente, sin pudores, ansiosa de posar de cama en cama.


Lola fue madre muy joven. A los dieciséis estaba amamantando a una criatura. Su hijo nació en el hospital municipal. Era un bebé muy robusto, hermoso, con grandes ojos azules hambrientos de conocer el mundo. Miraba con asombro todo lo que se cruzaba en su camino, con una contemplación absoluta, como si hubiera magia en cada pañal, cada biberón que se cruzaba en su camino. Todas las enfermeras comentaban su hermosura y se turnaban para cargarlo. Lola nunca más volvió a ver al padre, un amante ocasional quién apenas se enteró de su embarazo, la golpeó brutalmente y le gritó- ¡perdida, calienta pico, no tendré un hijo contigo, ese pendejo no es mío puta de mierda! . Desde ese día que Lola tiene la muñeca quebrada y cada vez que llueve, su muñeca le anticipa la precipitación con punzadas.


Lola se teñía rubio platinado, quería llamar la atención de cuanto hombre se le cruzara, no importaba la edad, clase social o estado civil, el sólo imaginarse penetrada, la hacía sucumbir ante cualquier invitación, por más profana que fuera. Sólo así, se sentía segura, querida, deseada, y era la única manera de no escuchar a sus sombras, aunque sólo fuera por algunos minutos.


El barrio la llamaba “la care muralla” y en ocasiones “la poto chimenea”. Desde que la sorprendieron en un oscuro callejón con las manos y rostro apoyados contra la pared, mientras un hombre levantaba su ajustada y corta falda de jeans, haciéndole el amor con los pantalones en las rodillas. El hombre metía sus manos bajo su estrecha camiseta para tocarle los pechos. Sus piernas largas y blancas junto con su cabellera platinada, se hacían notar en medio de la oscuridad de la noche. Sus gemidos no pasaban desapercibidos mientras el dueño de la florería de la esquina maniobrada su pene para metérselo lo más profundo posible diciéndole al oído: – ¿quién es la grandísima puta?, Zorrita-.


Quizás se abría mantenido el secreto si no fuera porque la esposa del dueño de la florería los sorprendió en pleno acto.  La señora siguió a Lola a escobazos y gritos por toda la cuadra hasta que Lola pudo cerrar la puerta de su casa y zafarse de la enajenada esposa. Desde ese día todo el barrio se le vino encima, las mujeres odiándola y los hombres deseándola. Las mujeres le hacían desprecios, le quitaron el saludo, miraban hacia otro lado cuando se la encontraban y a veces le tiraban huevos a la puerta de su casa. Los hombres, en cambio, trataban de topársela a solas a ver si corrían la misma suerte del florista.


Lola tenía el cabello largo y bien cuidado y unos ojos azules pequeños de mirada fija. Le gustaba dejarse las uñas largas y rojas. La gente decía que se parecía al padre, un marino inglés que una vez tuvo una aventura con su madre. Él nunca se enteró que el único encuentro de esa noche húmeda llena de estrellas, engendraría a Lola.


Un día en un bar, Lola tomaba su Martini de los días viernes, sola, como de costumbre.  Un hombre del otro lado de la barra la observaba atentamente, cada movimiento, cada cigarrillo que se llevaba a la boca. Creía estar viendo un ángel en medio de las tinieblas de aquel lúgubre bar. Lola sentía la mirada de aquel hombre, pero no le prestaba atención, seguramente era otro tipo que se había enterado de su reputación y quería tener una noche de placer, lo que podía esperar, pues el martini de los días viernes era la excusa perfecta para estar con ella misma y consolarse. Ya que no le quedaban amigas, así es que ella misma tenía que cumplir con esa labor y confortarse una vez a la semana en compañía del barman que siempre era tan amable.


Luego de unos minutos, el hombre del otro lado de la barra se sentó junto a Lola. Lucía un abrigo largo, negro. Usaba lentes de lectura y parecía un tipo serio. La invitó otro Martini y Lola como de costumbre aceptó. La miraba como a un espejismo, concentrado en su pelo, su sonrisa, sus manos, sus gestos, toda Lola le parecía un sueño. Comenzaron a hablar y él le contó acerca de su profesión, se llamaba Ian. Era médico, andaba por el fin de semana en la ciudad por un congreso de cirugía de su especialidad. No conocía a nadie.  No quería salir a beber con otros médicos, no tenía ganas de lidiar con el éxito de los demás ni con el propio. Al comienzo hablaban de trivialidades, el clima, el bar, comidas, etc, Lola se reía del acento de Ian, le parecía muy divertido y cuando trataba de hacer chistes, se veía aún más gracioso gesticulando más rápido de lo que su atarantado español le permitía explicar.


Ian era un médico exitoso en Estados Unidos, vivía en New York. Toda su vida se la había pasado estudiando, entre internados en el hospital y las clases en la universidad. Si bien se había divertido en su juventud, no tuvo mucho tiempo para relaciones sentimentales, siempre estaban primero las responsabilidades. Ian era cardiólogo, muy reconocido entre sus pares, de padre gringo y madre venezolana. Físicamente era la mezcla perfecta de un mestizaje programado, alto, de piel blanca, pelo oscuro, una gran sonrisa en honor a su madre, con un corazón alegre, latino, apasionado, aunque más bien se veía un tipo serio. Para Ian no era fácil entrar en confianza, pero cuando lo hacía, dejaba florecer sus instintos más caribeños.


Ian contemplaba a Lola largamente, sin decir mucho, sólo buscaba palabras como excusas para poder mirarla, recorría con la mirada el pelo rubio de Lola, desde el comienzo hasta el final, cada detalle de su cara, su boca, ¡cómo miraba esa boca! Parecía que sus ojos fueran parte de su tacto y la recorría con tiempo, fijándose en cada detalle entre comisura y comisura. Ian tenía tantas ganas de llevarla a la cama, pensó en esa posibilidad segundo por medio desde que la vio, pero sabía que su corazón no aguantaría, quién mejor que él para dar el diagnóstico. Su enfermedad estaba pasando por un periodo de extremo cuidado, darle un poco más de trabajo a su corazón podría ser fatal.


Y así pasaron las horas, hasta que amaneció. Salieron juntos del bar. El sol comenzaba a llenarlo todo, mientras iban apareciendo los pintorescos colores de las casas un poco maltratadas por el tiempo. Ian miraba a Lola, su vestido azul, sus uñas rojas, las casas, las calles, quería guardar cada detalle en su memoria para poder volver a ese día cada vez que se sintiera agobiado en el imparable New York.


Ian quiso despedirse con un beso, pero sabía que si lo hacía no podría contenerse. Tomó la mano de Lola y la besó con un beso profundo, húmedo, como si besara sus labios y acarició sus dedos, uno por uno, mientras Lola cerraba los ojos para sentirlo por última vez. Lola dejó correr una lágrima por su mejilla y dio un suspiro que despertó su alma. Era la primera vez que se sentía querida, deseada y segura sin pasar por una cama.


Desde ese día Lola vuelve al bar todos los viernes para tomar su Martini. Pero ahora ya no para consolarse, sino para cerrar los ojos y volver a sentir a Ian besando su mano y reírse al recordar su mal hablado español.


lunes, 4 de mayo de 2009

Ser leona en tiempos de fidelidad.


Esto de tener espíritu de Leona y estar pololeando (tener novio) es toda una experiencia. La cacería está prohibida y hay que acostumbrarse a la idea.


Fueron años de mi vida los que pasé sin tener ningún tipo de compromiso. Sólo candidatos a pololo, pero ninguno se llevó el título. Cuando se pasa mucho tiempo sin pareja, -aunque puede ser que sólo me suceda a mí- creo que la personas nos ponemos frescolinas y se adquiere una especia de técnica de casería. Aún recuerdo mi último….. , bueno, mi penúltimo chico candidato antes de ponerme a pololear. Lo conocí en una fiesta a mediados de semana, de esas con tenida formal después de la oficina. Nadie me lo presentó.  Lo vi subiendo las escaleras del castillo y parecía un príncipe. Desde arriba lo miraba mientras bajaba con mi vestido negro de satín con pintas blancas. Mirándolo a los ojos y sonriéndo coquetamente de dije –hola-. Eso fue todo. Después no lo volví a ver. Habían muchas personas en la fiesta y difícilmente podría encontrarlo. El miércoles de la semana siguiente nos encontramos y me preguntó - Eres la relacionadora pública? la semana pasada me saludaste - , - ays, la verdad no recuerdo, pero seguramente te encontré cara conocida y por eso te saludé- respondí. ¡cuec! de fresca nomás.


No digo que cada vez que quise seducir a un chico me resultó, pero diría que el 90 % de las veces dio positivo (igual bien). Hay que encontrar la técnica y saber cuáles son las fortalezas que uno posee. Eso hice yo. Pensé que evidentemente no todo el mundo me va a encontrar guapa, aunque mis papitos me digan lo contrario.  -si al chico no le llego por guapa, le tengo que llegar por simpática o por divertida-, y así lo hice y me fue bien, la cuestión era jugar.

Hoy, tengo a la leona dormida, pero a veces le dan ganas de despertar. Sobre todo en Berlín. ¡nadie me dijo que encontraría chicos tan guapos! Es que los alemanes se las traen, parece que de verdad son una raza superior y ¡más encima me miran!. Creo que les llama la atención mi piel tan blanca y mi pelo negro. En Berlín son todos muy claros y yo que lo latina lo llevo bien puesto.


Sólo el amor es mi ángel bueno que me dice-¡ no mires tanto!, ¡no seas golosa!, a ti no te gusta cuando te hacen lo mismo-. También recuerdo  la biblia que dice: si tú ojo derecho te es ocasión de caer, es mejor que lo arranques, pues es mejor llegar al cielo tuerto que ir completito al infierno (claramente no está textual, pero es la idea), ahí es cuando reacciono y me porto mejor. Si bien los lentes oscuros ayudan, no lo hacen todo. Trato de ser disimulada, pero ese nunca ha sido mi fuerte. Me imagino en esta misma ciudad soltera y me rio sola, aunque no cambiaría por nada del mundo lo que tengo.


¡ayúdame Dios a no caer en la tentación!.

lunes, 27 de abril de 2009

Mi novio es un fama y yo una cronopia.


Así nos describiría Cortázar, mi novio es un fama y yo una cronopia. Para los que no hayan leído a Cortázar, les explicaré con ejemplos a qué me refiero.


Mi novio llega del trabajo y se pone cómodo. Se saca la ropa y la separa en dos. La que va a la ropa sucia, la pone dentro del canasto. La ropa limpia, la  dobla y guarda en su closet perfectamente ordenado. Su closet está ordenado por estaciones del año, tamaños, tipos, marcas y colores.


Yo en cambio, llego a casa, (claramente no del trabajo, de algún happy hour con mis amigas neoyorkinas), tiro los zapatos en mi lado de la cama. Veo los zapatos que están del día anterior, y los del anterior. Me saco la ropa arrumbandola sobre el canasto. Ropa limpia y sucia juntas. Me tiro a la cama para descansar un rato (no sé de qué).

Mi novio fama, me invita a almorzar con unos amigos de Chile, me llama, y no le contesto. Lo que él aún no entiende, es que el teléfono de un cronopio nunca funciona bien, a veces suena, a veces no, y lo mismo con los mensajes. Decide mandarme un mail para hacerme la invitación. Quedamos a las dos en Pastis.


Yo, como perfecta cronopia, me baño, me arreglo, me demoro y salgo a juntarme con el fama. El fama tiene los minutos contados. Me llama al celular y quedamos de encontrarnos antes de llegar al restaurant. Fama camina rápido, yo, obviamente, uso zapatos de cronopia, altos, bellos, recién comprados. Imposibles para andar apurada. Fama tiene ganas de insultarme pero es un caballero y se come la mierda, me dice – amor, puedes mirar alrededor y contar cuantas mujeres andan con tacos- yo, cronopia, pero no estúpida, no contesto. Obviamente llegamos tarde, y yo no me puedo sacar de la cabeza mi cronopio computador que no encendió hoy en la mañana.

martes, 21 de abril de 2009

Piecitos de amor.


Dormir contigo, es uno de mis deportes favoritos.
Me gusta cuando me abrazas dormido y entre la realidad y tus sueños me dices que me quieres.
Ese calorcito que emana tú boca, te ha convertido en mi adicción.
Adicta a tus diálogos nocturnos,
A esa conexión trasnochadora de pieces, la perfecta unión
Donde no se sabe donde empieza uno ni donde termina el otro
Piecitos de amor, eso es lo que son
Que se besan en la noche a escondidas
Para que no nos enteremos que ellos también están enamorados
Esta mañana descubrí a mis pies buscando los tuyos cuando ya te habías ido
Y me di cuenta que estas patitas algo me ocultaban,
Pero ya las descubrí
Pese a no ser simétricas, pues una calza más que la otra
Están completamente enamoradas
Esperando que llegue la noche para besar las tuyas
Y abrazarse en un enredo patuno que nadie entiende
Escondidas, solapadas, sedientas de roce.
Pensando en tus talones, tus uñitas, tú calor.
La semana pasada las vi llorando, porque no estabas
Transpiraban de desesperación y movían sus deditos, extrañando.
Ahora están contentas, porque algo les dice que esta noche tendrán una nueva cita
Y volverán a abrazar, y a besar, desnudas, otra noche más.

lunes, 20 de abril de 2009

Acosada en New York


Siempre es lindo que te piropeen en la calle, sacar alguna sonrisa o algún –¡God bless you!- , es que la vanidad de una mujer es una cosa que no tiene límite, es preferible que te digan tonta a que te llamen gorda, eso sí que no tiene nombre. Pero una cosa son los piropos y otra cosa es que te acosen, ¡qué miedo!

El otro día, después de mis clases de inglés, fuimos con mis amigas a comer comida china a un restaurant cerca de time square, mucha comida, poco dinero, todo parecía perfecto. Qué bien la estábamos pasando, comiendo rico, conversando, riendo, inventando, increíble. Mientras conversábamos, noté una excesiva atención del mesero, a cada rato nos traía té y nos preguntaba si todo estaba bien. Después nos empezó a conversar, cosa rara, nunca antes había visto un mesero en New York que hablara tanto, a no ser que fuera para explicarnos los platos, para no ser descortés, le seguimos la conversación. Al cabo de media hora, era insoportable, y el chino se concentraba en mí, hablando de mi chasquilla, preguntándome si mis padres eran chinos o si tenía algún tipo de ascendencia china, mirándome con esos ojos diminutos. Pensé -está bien que tenga una piel muy blanca y un cabello extremadamente oscuro pero, !este chino es ciego o no ve mis ojos de tres metros de diámetro!. Chino cochino al parecer no percibía la incomodidad que mis amigas y yo sentíamos. Me acosó con preguntas, a cada un minuto, ya no nos dejaba conversar y me tocaba el brazo para que le prestara atención, una y otra vez. No sé cómo lo habré mirado la última vez que me tocó, pero no lo volvió a hacer, imagino que le abrí unos ojos de quince metros de odio, (porque crecen cuando me enojo), que le avisó que si lo hacía una vez más, chino cochino recibiría una tetera de té hirviendo en sus pantalones.


El mismo día, salimos a comer con mi amorcito a uno de mis restaurantes favoritos, el Buenos Aires, quedamos de juntarnos a las nueve, no comí nada después de la comida china sólo para banquetearme en la noche con ese bife chorizo que me hace tan feliz. Salí de mi casa, con tacones, uno de los vestidos favoritos de mi novio y mi repetido abrigo blanco. Subí al subway (metro) y me senté casi al lado de la puerta, sentí un olor nauseabundo, más de lo normal, pero no le presté atención, luego el olor se hacía cada vez más intenso, hasta que un homeless (vagabundo) se sentó a mi lado y me empezó a conversar. Ni siquiera podía mirarlo, voltear la cabeza habría sido un suicidio, casi no podía respirar mirando hacia el lado contrario, mirarlo habría sido semejante a entrar a una cámara de gases y morir. El homeless me preguntaba si iba a cenar, con quién iba a cenar, por qué usaba lápiz labial rojo, que le gustaba mi pelo, etc. Pensé que quedaba solo una estación y eso me daba esperanzas de poder respirar aire “puro” dentro de pocos minutos. Por fin se asomó la siguiente estación, paró el tren y homeless me siguió hablando, esta vez gritando -¡hay muchas lesbianas en el vecindario!- decía desde dentro del tren mientras yo caminaba hacia las escaleras, pensé en darme vuelta y decirle – ¡toma una ducha primero, putrefacto de ….!-, pero me arrepentí, igual tiene valor el homeless, nadie puede querer engrupir a una chica con ese olor.


Y para terminar, salgo del subway, feliz de respirar aire “puro”, y para variar, me pierdo, es que New York es fácil, pero cuando salgo del subway y no conozco bien el lugar, el up town y el down town se me dan vuelta y ver edificios por todos lados no ayuda mucho. Con cara de perdida miré a mi alrededor, adivinado por donde tenía que caminar, cuando un tipo se acercó y me preguntó si necesitaba ayuda, le expliqué donde me dirigía y me dio las instrucciones, muy agradecida, empecé a caminar, disfrutando de la vida nocturna de la zona, mirando a la gente, los edificios, los locales, pensando si mi novio ya habría llegado al restaurant, como de la séptima cuadra, empecé a sentirme incomoda, con una sensación como si me fueran siguiendo, primero pensé que debía ser mi novio jugándome una broma, pero la sensación se hizo más fuerte y se me erizó la piel, sentí angustia y un mal presentimiento, atravesé la calle y volteé, casi muero de la impresión cuando vi al mismo tipo que cuadras atrás me había dado las instrucciones a la salida del subway, me miraba fijo, con un gorro que antes no llevaba, tomé mi teléfono y llamé a mi novio, cuando me vio hablar sin entender lo que decía en mi nativo español, se alejó, y se fue.


Es que New York da para todo, acosadores cargantes, putrefactos y locos, !pero todos en un mismo día!, ¿no será mucho?.

martes, 14 de abril de 2009

El amor, amorsh.


Estar enamorada es lo máximo, despiertas, miras hacia un lado y lo ves durmiendo con la boca abierta, un poco de saliva seca , algunos kilitos de más y te parece lo más hermoso del mundo. Los días lunes son terribles. Después que pasaste todo el fin de semana a su lado y te empiezas a acostumbrar, comienza la nueva semana y cada uno tiene que cumplir con sus deberes y lo extrañas, aunque sabes que lo vas a ver después o estarán hablando por teléfono.

Cuando el amado llega a casa después otro día agotador de trabajo, escuchas la puerta y te alegras. El corazón salta de alegría y quieres abrazarlo todo el tiempo y saber todo lo que hizo. Los fines de semana son toda una aventura, aunque sólo vean películas tirados en el sillón todo el día. Cuando caminas por la calle y te topas con chicos guapos, de esos que un tiempo atrás le habrías coqueteado preguntándole la hora, hoy los miras, obvio, (porque tienes ojos), pero pasas por el lado como si hubieras visto un lindo árbol.

Dicen que esto sólo ocurre al comienzo de las relaciones y puede ser. Aún estoy con la efervescencia y me parece fascinante, aunque también sé que tiene sus costos….

Fuera de dejar de vivir una vida de soltera con muchas fiestas, amigas, sin horarios, etc, que ya era demasiado entretenida, hoy la vida en pareja es muy distinta, pero realmente hermosa. Lo que me llama la atención, es que ese mismo sentimiento que me hace sentir en las nubes, de pronto me convierte en una bruja. Antes no dependía de nada ni nadie para sentirme bien, hoy me siento tan vulnerable, nunca me había sentido algo así, es algo tan difícil de describir que me siento estúpida. Tiempo atrás me burlaba de las parejas que se ponían nombres como; gordita, perrita, osita, y toda la gama animal, hoy me llamo porrotoquina y me encanta. La palabra no pertenece al mundo animal, porque ni siquiera existía en este planeta hasta que nosotros la adoptamos. Antes cuando tenía alguna relación y me decían que el fin de semana no estarían por algún motivo, era una completa fiesta. Llamados de teléfonos iban y venían. Hoy mi amorcito me dice que tiene que viajar y me da pena.


Es que me caigo mal de lo tonta que me puse. Todos los días en la mañana cuando me preparo café, tomo el tazón blanco con mensajes de amor que la ex le regaló y lo miro con cara de ¡prepárate, que caerás!, pero vuelvo a la calma y pienso que es un estúpido tazón que sirve para tomar café. Qué importa que sea un antiguo regalo de su ex. Cuántos regalos no hice y cuantos no me hicieron. Pero vuelve una nueva mañana y lo miro con cara de -¡hoy sí vas a caer!.Es que los celos es una dimensión desconocida, ¿será por eso que dicen que el amor es sufrido?

domingo, 12 de abril de 2009

Amigos con Ventaja. (A.C.V.)


¿Quién no ha tenido un amigo o amiga con ventaja?, ¡por supuesto que yo no!, pero hablaré de lo que me han contado por ahí.


Definamos primero qué es un “amigo con ventaja”. Es el chico o la chica con el que te juntas un par de veces al mes, (a veces más, a veces menos), y tienes encuentros romántico-sexuales de algún grado, ya sea primero, segundo o tercero. Por lo general más del tercer tipo, pero también depende de la edad. Este amigo permite que disfrutes del sexo pero que no tengas la obligación de llamarlo al otro día. Si se le muere la mamá, lo más probable es que lo llames para decirle que lo sientes, pero no irás al funeral. El amigo con ventaja sólo lo conocen en tú casa de a oídas, si es que lo conocen, y tus amigos saben de su existencia pero tampoco lo integras a los happy hours. A no ser que por esas casualidades de la vida, lo hayas tenido que presentar porque te lo encontraste en una fiesta. Por lo general, no se sale a lugares públicos con los A.C.V., menos lugares donde sabes que te puedes encontrar con alguien. Los encuentros son entre las cuatro paredes de tú casa o en un motel. No te tienes que arreglar mucho para ver al A.C.V., basta con una ducha y alguna ropa decente, el maquillaje te lo puedes ahorrar para una cita de verdad. También ahorras en comida y no te esfuerzas por cocinar un nuevo plato para sorprenderlo, lo que le des le gusta y tampoco te importa mucho si quiere comer, muchas veces basta con un vaso de soda y algún picoteo.


Los amigos con ventaja pueden ser bastante útiles en algún momento. Digo útil porque la relación que existe es una mutua utilización, pero con respeto y a veces hasta con cariño, donde ambas personas se ponen de acuerdo y lo pasan bien un rato.


No voy a cuestionar si es bueno o malo tener un amigo con ventaja, eso a juzgar cada uno. Más de alguna vez, (y sobre todo para las mujeres que somos más sensibles) este amigo con ventaja, (que muchas veces es un ex y que sabes que una relación es imposible pero se llevan bien la cama) empieza a confundir tus sentimientos y ya estas esperando el próximo encuentro, haciéndote la A.C.V. buena onda pero lo empiezas a extrañar. Comienzas a reflexionar sobre lo tan buena persona que es, tan tierno.  Cuando lo ves, empiezas a preguntar más de la cuenta y comienzas a sufrir porque esperas más de lo que te pueden dar. Cuento repetido.


El problema no es tener un amigo o amiga con ventaja, el problema es por qué se tiene que recurrir a este tipo de prácticas, ¿por la incapacidad de mantener una relación?, ¿mala suerte?, ¿demasiados requerimientos que tiene que cumplir una pareja real?, ¿Por qué temes al amor y no te quieres enamorar?, ¿Por qué eres tan egoísta que no quieres compartir tu dinero?, ¿todas las anteriores?, o porque simplemente la persona adecuada no llega. Sea cual sea el motivo, no creo que sólo sea por diversión que se recurre a los A.C.V. sino porque necesitamos sentirnos amados de alguna manera y que nos apapachen de vez en cuando. Es por eso que ahora cuando mis amigas me cuentan de sus A.C.V. ya no me causa tanta gracia, pienso en la soledad que deben sentir.

lunes, 30 de marzo de 2009

El ciempiés no puede ser lombriz!


No sé si será para todos igual, no lo creo, en toda regla existe una excepción. Pero tengo la intuición de que para ver la luz, primero es necesario caminar por las tinieblas. Quizás es parte de este plan divino que tiene Dios para todos nosotros, para valorar las cosas, para aprender a separar el trigo de la paja y reconocer las cosas buenas cuando se presentan.


No puedo decir que todos los hombres con los que antes me relacioné anteriormente son malos, porque hubieron chicos muy buenos, pero simplemente no eran para mí. Lo que sí puedo decir es que muchos fueron un asco; mentirosos, traidores, mujeriegos, mitómanos, depresivos y hasta alguno medio psicópata. Pero no puedo evadir mi responsabilidad, porque yo los elegí. Una y otra vez, idealizando sus figuras, suponiendo sus pensamientos y creyendo fervientemente que las cosas malas algún día cambiarían, pero eso nunca ocurría.


Los hombres hacen una clara separación entre las chicas que son para presentárselas a la familia y las que son para el rato. Mi impresión es que para nosotras esta división no es tan clara, porque queremos creer que la realidad es mejor de lo que verdaderamente es. Tenemos fe que las personas cambian y se nos van los años tratando de que el chico que es para pasarlo bien, se convierta en el chico para presentarle a la familia.


Claro que la gente cambia, sino no existiría la rehabilitación, pero hay cosas que pertenecen a nuestra esencia y jamás podrán cambiar. Por esta razón he llegado a la conclusión que hay que querer y aceptar a las personas como son y si no son lo que buscamos, entonces next. Así nadie sufre ni pierde el tiempo. Porque querer tapar el sol con un dedo no se puede y el ciempiés no puede ser lombriz, por más que esconda sus patitas, siempre estarán ahí. Es mejor no taparse los ojos mientras caminas porque en algún momento vas a caer.


La idea no es andar buscando al hombre perfecto, porque como dice una amiga, -¡el príncipe azul es impotente!-, pero sí encontrar a alguien compatible con nuestros gustos y nuestra manera de vivir. Un hombre que sus defectos no sean tan importantes para uno. Que podamos vivir con aquellos defectos. Así como también somos aceptadas con nuestras virtudes y no tan virtudes, por que las niñas no tenemos defectos.

jueves, 19 de marzo de 2009

Los chicos buenos no van a la cama.


El otro día conversaba con una amiga en un restaurant italiano del Village, donde me contaba que hace algún tiempo, antes de llegar a New York, un médico simpático, buena gente y preocupado, la cortejaba, pero ella no sentía nada por él excepto amistad. Un día lo invitó a cenar a su casa y él se ofreció a lavar los platos después de la comida, mi amiga no lo podía creer su amabilidad y le dijo:- ay lindo que eres amoroso!-, Mientas él la miraba con cara de ¡ÁMAME!.

Otro día, con otra amiga hablando por msn, me contaba de su eterno enamorado, que la había invitado a comer y le prometía amor por siempre, sin esperar nada, sabiendo que ella sólo lo quiere como amigo. El eterno enamorado lleva años esperando que algún día despierte y se enamore de él, pero mi amiga no lo cree posible. Él es un tipo bueno, jugado, noble, que haría cualquier cosa por ella, pero a ella sólo la conmueve a ratos y me dice: - es tan buena persona este mino-.
Es que los hombres de buenos adjetivos y nombres con diminutivos simplemente no van a la cama, el Juanito, el Pedrito, el tiernito, el amoroso y el lindo, todos esos buenos hombres con valores, que son los que siempre están ahí, los que nos quieren de verdad, que piensan en lo mejor para nosotras, terminan siendo nuestros mejores amigos, los paños de lagrimas cuando llega el pelotudo que nos encanta, que aparece y desaparece, que nos regala incertidumbre en vez de rosas, el puto que lo único que quiere es sexo y después no vuelve a llamar. ¡Que injusta es la vida!

Por qué siempre tenemos que andar buscando lo difícil, lo complicado, la emoción del momento y no nos damos cuenta de las cosas que verdaderamente valen. Siempre nos quejamos de los hombres, que están cada vez peor, que son unos poco hombres, cobardes, etc. Pero los hombres que están ahí, esperando, con sus corazoncitos ansiosos de darnos lo mejor de ellos, los que también son príncipes, pero tienen en caballo estacionado a la vuelta y por eso no vemos su verdadera identidad, los que se conforman con vernos de vez en cuando, esos, no van a la cama.
Quizás es el momento de pensar en la posibilidad que ese chico del trabajo, de la clase, el amigo de toda la vida, el que busca excusas para tocarte, sea el príncipe que has buscado toda la vida y está disfrazado de un chico común, que cuando te mira a los ojos te grita que lo ames.