viernes, 25 de septiembre de 2009

Amor por curriculum


Amor por curriculum, es cuando buscas a alguien por lo que representa, más que por lo que verdaderamente es. Cuando uno busca un amor por curriculum, se fija en; la profesión,  los ingresos,  dónde vive, universidad en la que estudió, qué hacen sus padres. Se evalúa inteligencia, belleza, sentido del humor, etc. En un principio, todo parece ir muy bien, el chico (a) parece perfecto, y aunque existen algunas cosas que no son de nuestro completo agrado, las dejamos pasar, porque el curriculum pesa más que los defectos que pueda tener.


El problema comienza cuando verdaderamente se empieza a conocer a la persona. Descubres que es un  avaro, que se pone nervioso cuando contesta el teléfono y supuestamente es su “amiga”. Es irascible y no se le puede decir nada cuando anda de malas. Sigue pasando el tiempo y salen a la luz otros aspectos de su personalidad. Por esas cosas de la vida, conversando con sus amigos, te enteras que no salió de la universidad que había dicho, sino de una de menor calidad. Eso no te importa mucho, pero te llama la atención por qué te mintió. Ya no quiere compartir con tus amigos como lo hizo en un principio. No le caen bien y siempre inventa excusas. Para que decir sus celos, te llama todo el día. Si sabe que viste a alguien del sexo opuesto le sale humo por las orejas. Cuando salen se pasa de copas y da espectáculo.


Todos sabemos que no existen ni los hombres ni las mujeres perfectas. Con el tiempo uno aprende a vivir con los defectos de la pareja. Pero muchas veces elegimos mal a nuestras parejas porque nos fijamos en el curriculum más que en la persona. La mayoría de las veces cuando elegimos a alguien por el curriculum, nos olvidamos de querer descubrir verdaderamente quienes son, y cuando empezamos a ahondar en su personalidad y sus valores, nos damos cuenta de que no son para nosotros.


He escuchado a muchas mujeres y hombres quejándose por no encontrar novio(a) -¡ya no quedan hombres! ¡las mujeres con su cuento de libertad están cada vez peores! Lo que me llama la atención, es que en este mundo existe casi la misma cantidad de hombres y mujeres. Me pregunto ¿por qué hay tantas personas solas queriendo estar en pareja? Llegue a la conclusión que las expectativas que se generan en torno a una pareja son demasiado altas. Nos armamos un esquema mental sobre lo que creemos que nos puede hacer feliz, y vamos construyendo una extensa lista llena de exigencias, que sin querer, nos alejan de nuestro verdadero objetivo, encontrar el amor.


Como las expectativas son altísimas, entonces empezamos a pedir curriculum, (para que perder tiempo con los que no califican), y a evaluar cual de todos se ajusta mejor a los “requerimientos de la empresa”. El problema es que no funcionamos como una empresa. Tenemos corazón. El corazón tiene otros códigos y funciona bajo otras lógicas. Quizás sería mejor dejar de pedir curriculum y fijarnos en las personas, en sus valores y lo que están dispuestos a entregar. Estoy convencida que podríamos sorprendernos y ser mucho más felices de lo que somos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Simplemente, el amor vale la pena


Mientras me vestía, recordaba los aniversarios de mis padres. Mi mamá se tomaba casi todo el día para bañarse, perfumarse y maquillarse, para por fin en la noche, salir a comer con mi papá. Yo en cambio, en veinte minutos ya estaba lista, esperando a mi hombre que no soltaba a su amante, la computadora. Era mi primer aniversario conviviendo con alguien, no podía creer que ya había pasado un año, pasó tan rápido, supongo que es porque lo hemos pasado bien.


Llegamos al restaurant, todo a media luz, muy romántico. Comida thai-vietnamita en uno de los mejores restaurant de New York. La atmosfera a la luz de las velas, mi vestido rojo ajustado y la cuenta al final de la noche, dejaban claro que estábamos celebrando una ocasión especial. La pareja junto a nosotros celebraban su primer día de casados, se miraban con ternura, y se entrelazaban en un juego de manos cada vez que podían. Yo los miraba enternecida, tenían alrededor de cincuenta años y parecían unos quinceañeros.


El calor de las copas de vino empezó a subir. Nos reímos mucho. Conversamos de su libro, de mis clases, de la vida, del amor, etc, - “la pasamos divino”-, como dice mi amiga venezolana. En un momento me comentó como anécdota, que cuando miraba chicas guapas en la calle o donde quiera que fuera, nunca las encontraba chicas más guapas que a mí, mientras yo bromeaba diciéndole, - ¡es que más guapas que yo no hay!-. Ese comentario me hizo pensar los muchos tipos guapos que veía a diario caminando por las calles de Manhattan, y en lo insignificante que se convertían al ver la sonrisa de mi amado. Hasta que llegó el momento y le entregue su regalo, una carta de dos planas, diciéndole lo feliz que me hacía y contándole una historia. Nuestra historia. El momento en que llegó a mi vida y cómo Dios tuvo que ver en todo esto. Fue una completa catarsis. Había esperado meses para contárselo. Nunca antes me había sentido tan desnuda. Caminar literalmente empelotas por la calle hubiera sido sentirme mucho menos desnuda que al manifestar todo lo que guardaba mi corazón.


Apenas se la entregue la quiso leer. Seguí atentamente sus expresiones mientras la leía. Apenas terminó me miró y me dijo -no te creo ¿cómo tan perfecto?- Le expliqué algunas cosas, pero lo que en verdad quería decirle, es que hacía tiempo le había entregado las cosas a Dios y él es perfecto, por lo tanto sus obras a la vez son perfectas. Ya estaba tan abierto mi corazón que no quería desnudarlo más, además, no quería que sonara a una prédica canuta.


Aunque no me diga nada, yo sé que algo cambió en él después de esa carta. Me sintió segura, realmente entendió que yo encontré en él lo que busqué toda mi vida. Después de ese día lo veo más confiado, su relajo lo manifiesta hasta en cosas simples, al otro día ni siquiera se cambio la ropa, se ve sereno, seguro, feliz y todo el tiempo me dice que me ama, (aunque eso lo hace siempre, al igual que yo). Es que le mostré mis sentimientos tal cual eran, sin reparos, sin cartas bajo la manga y sin temor.  De alguna manera, él, al igual que yo, bajó la guardia. Comprendió que me tiré a la piscina sin chaleco salvavidas y lo valoró.


Con los años y las malas experiencias nos vamos protegiendo, formando corazas alrededor de nuestro corazón. Es increíblemente que cada vez es más difícil hablar de sentimientos y más fácil hablar de sexo. Siempre es un riesgo entregar el corazón. Es tan doloroso cuando uno sale lastimado, que cuesta volver a confiar. Vamos estableciendo límites en la entrega, creando nuestras propias reglas. Porque siempre existe el riesgo a llegar un día y encontrarlo con otra, o a que simplemente ya no te ame.


Cuesta abrir el corazón, pero para mí después de abrirlo varias veces y salir muy lastimada, esta vez valió la pena. Veo como nuestra relación crece y renace aún más hermosa y más fuerte. Nuestros cascarones se han ido rompiendo poco a poco dejando atrás la vergüenza, el temor y la desconfianza. Simplemente, el amor vale la pena.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Un año de amor


Hoy es 7 de septiembre y es nuestro aniversario, como la canción. No puedo creer cómo el tiempo pasó tan rápido. Hace un año atrás vivía sola en mi departamento de 45 metros cuadrados en providencia con vista al cerro y a un hermoso parquecito. En ese departamento podía pasar horas mirando a los niños jugar desde el balcón. Era jefa de campaña de un candidato a concejal. Ganaba poco. Pero no necesitaba más, era muy feliz. La vida me sonreía cada mañana, pero aún faltaba una pieza del rompecabezas para que todo tuviera aún más sentido.

Hoy, disfruto de un día soleado tirada en el sillón con las ventanas abiertas para que entre el aire. Junto al aire entran los ruidos de Brooklyn con sus negros gritones, sus latinos sabrosones y el reggeton. Qué me iba a imaginar donde me traería el amor. Las mañanas de los días de verano son un sueño en Nueva York. Las películas se quedan cortas. Si la gente pudiera respirar el mismo aire de la escena de una  película, todo el mundo querría vivir en New York.

Recuerdo el año pasado, habían pasado dos semanas de nuestro primer beso y como en las películas, me besó y se fue a NY, con su libertad y su estatua. Pasaron dos semanas y tocó el timbre, abrí la puerta dudando si besarlo en la cara o en los labios. Sólo alcancé a cerrar los ojos y me dejé llevar, en un dulce y maravilloso beso. Sus ojitos me decían que me había extrañado y yo lo miraba pensando –aysssss, me gusta!-.

Y así fue como el 7 de septiembre me pidió pololeo, y contra toda regla autoimpuesta, dormimos en la misma cama. Aún recuerdo mi discurso de no convivir antes del matrimonio, poco me duró, a los tres meses vivíamos juntos. A los cuatro meses seguíamos viviendo juntos, pero en New York. Hoy Lo veo trabajar en su escritorio junto a la ventana, concentrado, escribiendo a la velocidad de la luz y pienso........ya ha pasado un año, estoy igual de ilusionada y aún más enamorada. Aunque hay cosas que no me gustan y muchas veces preferiría ver su blackberry rio abajo, su sonrisa de niño no la cambio por nada.

jueves, 20 de agosto de 2009

Un año más hace años


Recuerdo mi mejor cumpleaños de niña. Mi mamá me vistió para la ocasión con mi vestido escoses y mi hermoso abrigo rojo. Salimos con mi papá bajo la lluvia camino al centro en el tan querido Fiat 147. El primer auto de mi papá. Recuerdo el ruido de la lluvia golpeando en el parabrisas, era tan fuerte que pensaba que en cualquier momento empezaría a gotear. 


Estaba llena de ilusión. No sabía bien donde iríamos, pero tenía tanta emoción que eso daba un poco lo mismo. Era la primera vez que salía sola con mi papá. Mi padre trabajaba toda la semana muy duro, desde muy temprano hasta tarde. Mi papá los fin de semana evitaba salir. Prefería descansar y mirar televisión. Mi mamá se molestaba mucho. La pobre pasaba toda la semana en la casa, esperando el fin de semana para hacer algo entretenido en familia y finalmente casi nunca salíamos.


Pienso que ese día tuvo que ser un sábado. Mi papá me regaló todo el día. Estacionamos el auto y seguía lloviendo. Me dijo que no me bajara aún del auto. Esperé hasta que mi padre se diera la vuelta y me tomara en brazos y así no mojarme con la poza de agua que había bajo la puerta. Abrió mi paraguas rosado y me preguntó – ¿lista para celebrar tú cumpleaños?-. –¡síiiiiiii!- respondí. Comenzamos a caminar hasta que llegamos a una galería y me dijo - como hoy es tú cumpleaños, vamos a comprar todo lo que tú quieras- lo miré y con cara incrédula le pregunté- ¿en serio?, -¡claro!, es tú cumpleaños-respondió.


Lo hice caminar por todas partes. Era tanta la emoción de poder pedir lo que quisiera, que no sabía qué elegir. No estaba acostumbrada a tomar decisiones. Siempre eran mis padres los que tomaban las decisiones por mi. Me elegían la ropa y los regalos, qué iba a saber yo de lo que quería. Mi indecisión era tal que caminamos toda la tarde sin comprar nada. La cara de agotamiento de mi papá era evidente, pero estaba tan dispuesto a hacer lo que yo quisiera, que no le importó seguir caminando. Me tomó de la mano tiernamente y disfrutó con todas mis indecisiones.


Mi abuela paterna hacía peluches, Para todos los cumpleaños y navidades nos regalaba peluches. De ahí tuve que haber sacado mi brillante idea. Cuando vi que se hacía tarde y el sol se escondía, me apresuré en decidir que ¡peluches era lo que quería! Visitamos todas las tiendas de peluches. Cómo olvidar a ese Pájaro Loco, ¡era casi de mi porte! Fue así compramos muchos peluches, todos los que me gustaron.


Ese día fue mágico. No sólo porque tenía la opción de poder comprar lo que quisiera, que a cualquier niño le hace mucha ilusión, sino porque estar con mi papá todo un día. Sólo yo fui su preocupación por ese día. Fuimos complices decidiendo que peluche era lindo y cual era feo. Ese día lo recuerdo hasta hoy.  desde ese día al pasar junto a una vitrina de peluches recuerdo a mi padre, con cara de cansado, riéndose de mí, mientras torpemente trataba de sujetar las bolsas de peluches y el paraguas.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Amor inmobiliario


Encontrar el amor es como encontrar el departamento que siempre soñaste. Ese lugar luminoso con los espacios justos, la distribución perfecta y la orientación cordillerana.


Para encontrar el departamento perfecto hay que buscar mucho. Gastar dinero, tiempo, teléfono, etc.  Es bien variada la oferta. Hay departamentos que se ven bastante bien, pero si observas con detenimiento tiene fallas arquitectónicas importantes. Paredes agrietadas, fisuras, goteras en el techo. En un principio son un completo desastre. Pero cuando conoces el departamento de tus sueños, ese que siempre imaginaste, que está dentro de tus posibilidades, donde tus muebles calzan perfectos y no te importa que le falte una mano de pintura, porque frente a la maravilla que ves frente a tus ojos, que haya que hacer algunos arreglos, deja de tener importancia.


Así también pasa con el amor. Hay que salir a buscar. Invertir plata, tiempo, teléfono. Conoces todo tipo de especímenes, el guapo malo, el feo inteligente pero mamón, el tierno con problemas psiquiátricos, etc, hasta que llega él, o ella y sabes que todo lo anterior valió la pena.  Comienzas a proyectarte, a imaginar tú vida futura junto a esta persona. Sientes que todo es perfecto. Es tú complemento. Esto era lo que estabas buscando, y aunque tiene sus fallas y hay que ajustar ciertas cosas, no se compara con toda la felicidad que te entrega.


Así como cuesta encontrar en departamento que se ajuste completamente a las necesidades de cada uno, el amor también tiene todo un mercado. Por eso cuando sientas que encontraste lo que querías, ¿para qué pensarlo tanto?, hay que firmar la promesa de compra-venta rápidamente, para después de algún tiempo, firmar el contrato definitivo. No vaya a ser que en la demora salgan mejores ofertas!

martes, 21 de julio de 2009

Señorita perfectita


Hace algunos años cuando aún contaba los años que me quedaban para los 25 (pensando que un cuarto de siglo era importante, no sé por qué), descubrí algo que cambio mi vida y dejé de querer ser la niña perfecta que siempre fui (…¡cuek!)

Tengo un hermano menor por poco. Siempre tuve muchos amigos varones y en general siempre me he llevado muy bien con el sexo opuesto. Pero cuando me gustaba un chico, algo pasaba, y mi mente me empezaba a dictar frases tan repetidas de mi madre como: -¡Por Dios mijita, canaliza esa risa!-. Cosa que nunca fui capaz de hacer, no porque no quisiera, sino porque mis carcajadas son tan explosivas que simplemente no puedo controlarlas. También frases como -Maquita, !las señoritas no dicen garabatos!, y así ,unas cuentas frases que me recordaban lo imperfecta que era.
El resultado era que durante las citas, trataba de comportarme como una “señorita perfectita”, evitando mis carcajadas, tratando de no decir garabatos, dando respuestas políticamente correctas, sumado a los nervios que me provocaba el chico que me gustaba, y mis esfuerzos por hacer todo bien (según yo), terminaba agotada. Lo pasé mal tratando de comportarme y de agradar a mi cita. Era tan frustrante llegar a casa sintiendo aún esa inconformidad de … no debí decir esto, o no debí hacer esto, que las citas se volvieron una lata y dejé de disfrutarlas, cada vez que conocía a alguien y me invitaba a salir, me incomodaba tan sólo pensarlo.
Hasta que llegó un día que no aguanté más y fui yo misma, con mis carcajadas brutas, mis garabatos, mis torpezas, mi estilo directo nada de diplomático, mis chistes en doble sentido, mis ironías, etc. Y ocurrió algo fenomenal!...........lo pasé increíble. Me importó un moco lo que pudieran pensar de mí, me centré en lo que yo quería, no en lo que creía que esperaban de mi, y lo disfruté. Simplemente fui yo, sin máscaras, la misma Maca de la casa, la de sus amigos, la que llegaba tarde a clases y tenía un vicio con las mentitas.
Lo que nunca imaginé, es que mostrar a la real Maca me traería muchos beneficios, porque la “Maca señorita” ¡no existía! De alguna manera, algo había en su discurso que la hacía menos creíble y mucho menos atractiva. En cambio, la Maca real, con sus virtudes y defectos, y dejando a un lado la humildad, como dice Thalía, iba ARRASANDOOOOOOOOOO!!!.

miércoles, 8 de julio de 2009

Visita al kinesiólogo.


Tenía unos 18 años cuando decidí visitar al kinesiólogo por algo que no recuerdo. Algo relacionado con los pies. Me preocupé de ponerme calcetines del mismo color y un poquito de talco, para no andar pasando vergüenzas (no tengo mal olor, pero uno nunca sabe).


Mi mamá me acompañó como siempre. Aunque ya era grande, ir al médico suponía la presencia de mi progenitora. Después de esperar unos 20 minutos en la sala, escuché mi nombre. Ahí estaba el médico llamándome. Alto, joven y guapo. -nada peor que visitar a un médico mino para que te vea las patas- pensé. Uno se acostumbra a que la mayoría de los médicos sean de edad avanzada. No se está preparada para encontrarse con un guapote en la vulnerabilidad de lo que significa mostrar alguna parte del cuerpo. Todo había empezado mal, pero no imaginé que empeoraría.


Como es de costumbre, me preguntó la edad, nombre y cosas de rutina. Le expliqué por qué lo visitaba. Le comenté de mis síntomas. Todo estaba bien hasta que me dijo -sácate la ropa y acuéstate en la camilla-. Me saqué los zapatos, los calcetines y me acosté. Cuando el doctor dejó de escribir y me vió, me dijo -necesito que te saques TODA la ropa-. Ups!.


Desvestirme delante de un mijito rico frente a mi mamá ya era terrible, pero la cosa empeoró cuando comencé a bajar mis pantalones y sentir mis nalguitas descubiertas, no podía ser……।!andaba con colales!!!!!. –¡por la misma mierda!- pensé, pero no terminó ahí, aún venía lo peor. Cuando me di cuenta el colales que estaba usando casi muero. Un colales verde, desteñido, que me había traído mi mamá como broma de Argentina. No era un colales normal, sino un mini colales. Con suerte y buena vista se notaba. Mi mamá me abrió unos ojos de cinco kilómetros y miró hacia otro lado, no podía más con la vergüenza ajena.


El médico se me quedó viendo unos segundos con cara de plop, pero hizo todo nada. Aunque sentía sus ojos en mi trasero todo el tiempo. Comenzó a revisar mi columna, brazos, piernas para lo cual ¡me tuve que subir a una pesa que tenía un espejo! Y así poder observar bien la curvatura de mis pies. Trataba de poner mis piernitas bien juntas, mientas moría por dentro. Hice todo lo que me pidió. Tratando de no caer desmayada. Mi mamá me miraba con cara de "me salió tonta esta niñita" Para cuando ya no me quedaba dignidad alguna, el broche de oro. El doctor me dice - levante los brazos lo más alto que pueda, y después tóquese la punta de los pies. ¡!!!!!!!!!!PLOP!!!!!!!!!!


Me mandó a sacar unas radiografías y que volviera la próxima semana. tuve que cambiar de centro médico y de doctor.

jueves, 2 de julio de 2009

Antonio Skarmeta es mi carma.


En mi época escolar, una profesora de castellano nos dio a elegir entre tres libros para el próximo control de lectura. Uno de esos libros era “Ardiente Paciencia”, de Antonio Skarmeta. La palabra “ardiente” me generó curiosidad. Los dieciséis años son una explosión hormonal para cualquiera. Mi intuición me dijo que ese libro me iba a entretener más de lo normal, y así fue, lo que mi instinto nunca me dijo, es que este libro años más tarde sería mi carma...


Con mi novio fuimos a un matrimonio en el verano recién pasado. Para sorpresa mía, uno de los invitados era Antonio Skarmeta. Le dije a mi novio – Amor, ahí está Skarmeta- con cara de emoción, -sí, que buena ahh- me respondió, mirándome con cara de ¿y..? . Entonces tuve que explicarle, -¿recuerdas el libro Ardiente Paciencia?, ese libro lo leí cuando estaba en el colegio, tenía dieciséis años. Tiene una escena tan caliente que tuve que parar mara masturbarme y después seguí leyendo-. Mi novio se rió y me dijo - ¡esto tenemos que contárselo!-, le pregunté si estaba loco, me moriría de la vergüenza, mientras él trataba de disuadirme diciéndome que a Skarmeta le encantaría escuchar algo así, que sería un gran regalo para cualquier hombre escritor.


Aquí fue cuando comenzó la tortura y Skarmeta se convirtió en mi carma. Desde ese día, cada vez que nos encontramos con el escritor, mi novio se le acerca y dice- ¡ella es una gran admiradora suya!- mientras me sube la presión y se me ponen rojas las mejillas. También lo llama para decirle cualquier cosa y me dice al oído -¡ este es el momento, cuéntale!, mientras yo me quiero morir y me escabullo por las paredes con la excusa de ir a buscar más vino. Ya van tres oportunidades que me la paso escondiendo. Para que mi adorado novio no empiece a conversarle a Skarmeta y a decirme frente a él - ¿qué era lo que le tenías que contar a Antonio?


Es que mi novio me tortura y mi boca me traiciona. ¡Quién me manda a contar semejante intimidad! No fue ni mi primera ni mi última tocadita pero….. !a quién le importa!, mejor me olvido del tema y me voy a leer mi nuevo libro "Ardiente Paciencia", algo me dice que va estar bueno.

viernes, 19 de junio de 2009

Soy Feliz!


Las personas por lo general creen que la felicidad está en alcanzar algunas metas. Por ejemplo:
Cuando me case voy a ser feliz…
Cuando me compré la casa voy a ser feliz…
Cuando encuentre trabajo voy a ser feliz….
Cuando tenga mucho dinero y viaje voy a ser feliz…..


Hace algún tiempo atrás yo también era una de estas personas. Dije “cuando viva sola voy a ser feliz, cuando tenga novio voy a ser feliz, cuando viaje por el mundo voy a ser feliz, cuando viva en NY voy a ser feliz"….. Para sorpresa mía y despues de haber vivido todas estas cosas, no siento nada distinto en mi vida que me me haga decir, ¡AHORA SOY VERDADERAMENTE FELIZ!.

Dicen que la felicidad sólo está hecha de pequeños momentos cuando todo parece estar bien. Cuando disfrutas plenamente de todo. Pero algo pasa, una noticia llega a interrumpir tú felicidad. Te despidieron del trabajo, tú novio se fue con otra, falleció tú madre.


Pensé que la felicidad no podía ser tan efímera. Me resistí a ese discurso. Luego de pensarlo muchas veces, me di cuenta de que la felicidad existe, que se mantiene y si uno quiere puede ser para siempre. La felicidad es un estado en donde uno decide ser feliz. No se compone de momentos. Claro que se van a presentar problemas, pues son parte de la vida, pero la felicidad va por dentro y tiene que ver con lo agradecidos que somos de la vida. La vida nos entrega cosas hermosas y la oportunidad de ser mejores personas y crecer. Para mí las cosas malas ya no existen, pues siempre me hay ayudado a ser mejor.


Ahora soy plenamente feliz. No digo que mi vida sea perfecta. Mis padres están pasando por un mal momento. De vez en cuando me discuto con mi novio. No estoy segura de tener vocación para la carrera que estudié y no me aceptaron en ninguna revista para escribir notas. Pero soy feliz. Cuando siento que el sol toca mi piel me siento viva y sé que habrán más oportunidades para crecer. Aunque muchas veces las cosas no resultan como espero, decidí ser feliz. Ver las cosas buenas de la vida, no enfrascarme en problemas, que si bien están y duelen, van a pasar y seré mejor que antes.


Comprendí que esos momentos de paz en donde parece que todo está bien, a los que las personas llaman "felicidad", son regalos. Pequeños momentos que te hacen alcanzar el cielo y que te dan fuerzas para seguir luchando. Pequeños alientos en el camino que llenan de frescura. Pero la felicidad es algo más profundo. La felicidad puede ser para siempre si uno quiere.

Desde ahora nadie ni nada me va a quitar la felicidad, porque ahora me la apropié. La felicidad es mía y la acompañan el amor de toda mi gente. Como una mochila gigante que no se hace pesada, donde está el amor de mis padres, mi novio, mi hermano, mi sobrino, mis amigos, mis tíos, y eso ya es un gran motivo para ser muy feliz. Y lo que tenga que venir, bienvenido sea.

martes, 2 de junio de 2009

Karen y Ana S\A


Karen se veía hermosa, simplemente radiante. La tarde anterior había tenido a su primogénita Ana.  su pelo negro brillaba y sus ojos derramaban una bondad que cubría toda la habitación. Hace algunos meses cuando nos conocimos en Paris, me contó que hacía tiempo que estaba buscando quedar embarazada, -después de los cuarenta años no es una cosa sencilla-, me dijo. Pero ahí estaba, cargando a su milagro de cinco meses, paseando por cada rincón del museo D’Orsay.


La idea de ser madre nunca la he sentido muy cercana, pero después de hoy, sé que lo quiero. No he visto muchas madres recién paridas, pero Karen me sorprendió, había algo en ella que hacía que en el ambiente se respirara paz y se pudiera tocar con la punta de los dedos. El mundo se había detenido en ellas dos, Karen y Ana eran una misma cosa, ambas de pelo negro y cutis perfecto, una la extensión de la otra.


Karen tomó a Ana entre sus brazos tiernamente y acaricio su mejilla. Ana emitía sonidos propios de una mujer de carácter. Sus cuarenta centímetros de prematura no eran un impedimento para hacerse notar, si le molestaba la luz o el ruido, lo hacía saber en su lenguaje bebuno y fruncía el seño.


Ana es perfecta, pequeñamente perfecta. Tiene unos rasgos finos, definidos, dignos de una reina de belleza en miniatura en categoría gramos. Usa unos aros de mini perlas y se sabe el centro de atención. Pienso como será cuando sea grande. Me la imagino guapa e inteligente, con personalidad, arrasando por la vida. Con sus pocos centímetros tiene cara de ganadora, creo que lo será. -Ana tiene nombre de Reina- mencionó alguien. No sé porqué pensé que las reinas no necesitan padre. Había tanto amor en esa sala, que tres serían multitud.